La Ruta de la Seda (y XIV): Intercambios que movieron la historia
Intercambiar. Esta y no otra es la esencia de la Ruta de la Seda. De Xian a Bizancio, de Occidente a Oriente, por estepas, desiertos, oasis, mares, puertos y montañas. Seda por oro y plata y cristal y esclavos.
Y también lapislázuli del Badajshán, ámbar del Báltico, coral rojo del Mediterráneo, rubíes del Afganistán, especias de Malabar, té de la India, vidrio de Italia y de Hebrón, libros de Bagdad, púrpura del Líbano, perfumes de Arabia, incienso de Omán, perlas del Índico, marfil del África Oriental, nuez moscada de Zanzíbar, clavo de las Molucas, pieles de marta cibelina de Rusia, espadas de Toledo, alcanfor de Borneo, almizcle del Tibet, esmeraldas del Himalaya y de Egipto, muselinas de Mosul, lacas y porcelanas de China, jade verde de la cuenca del Tarim…
Intercambio de productos, pero también de cultivos, de ideas, de chismes, mitos y leyendas, de culturas, de arte y músicas, de tecnologías, de religiones, de aprendizajes, de amistades, y hasta de epidemias. La Ruta de la Seda es desde hace más de dos mil años una enorme corriente, el caudaloso río por donde un tercio de la humanidad ha contactado con el otro tercio, una tromba de intercambios entre humanos, seguramente la mayor y más fructífera que jamás halla existido, un fenomenal motor de la historia: basta recordar que fue la búsqueda de una Ruta de la Seda alternativa al viejo camino cortado por los otomanos lo que llevó a Colón a descubrir América.
Aprender es la esencia del viaje. Volver a Ítaca “rico en saber y en vida” canta Konstandinos Kavafis en su poema inolvidable. Marco Polo yendo hasta Catay hizo el aprendizaje del mundo. Fue la más valiosa mercancía que llevaba de vuelta, la que transmitió a la ignorante Europa medieval: existía más allá un mundo muy amplio y diverso, lleno de cosas nuevas y maravillosas. Es la mercancía más valiosa que portaban en sus alforjas Zhang Qian, Xuanzang, Ibn Batuta, el coronel Francis Younghusband, Sven Hedin, Aurel Stein, Ella Maillart… Setecientos años después, es la mercancía más valiosa que el viajero de la Ruta de la Seda traerá consigo a su vuelta. La mercancía del conocimiento y de los sueños.
Texto de Jaume Bartrolí en Altaïr
http://www.altairblog.com/usuario/jBartroli/blog/23/La_Ruta_de_la_Seda_y_XIV_Intercambios_que_movieron_la_historia

Marco Polo con un barco Intercambiando en la Ruta de la Seda